El primer día de clases el profesor trajo un frasco enorme: Esto está lleno de perfume – dijo a Miguel Brun y a los demás alumnos – quiero medir la percepción de cada uno de ustedes. A medida que vayan sintiendo el olor levanten la mano.
Y destapó el frasco. Al ratito nomás, ya había dos manos levantadas. Y luego cinco, diez, treinta, todas las manos levantadas. ¿Me permite abrir la ventana profesor? Suplicó una alumna, mareada de tanto olor a perfume, y varias voces le hicieron eco. El fuerte aroma, que pesaba en el aire, ya se había hecho insoportable para todos. Entonces el profesor mostró el frasco a sus alumnos, uno por uno. El frasco estaba lleno de agua.
sábado, 15 de agosto de 2009
Eduardo Galeano - Celebración de la desconfianza
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2 comentarios:
jajaja...
debo concluir! que todo esta en el cerebro..
Eduardo Galeano es un maestrazo!
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